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Vargas Llosa: Hugo Chávez quiere que haya una sola voz: la suya

Michelle Roche nos trae esta excelente entrevista a Mario Vargas Llosa en El Nacional de este sábado. Sin desperdicio. La última respuesta resume al proceso chavista como pocos lo han logrado. Triste realidad.

EL NACIONAL - Sábado 27 de Febrero de 2010

Escenas

“Hugo Chávez quiere que haya una sola voz: la suya”

Mario Vargas Llosa, quien ha dedicado casi toda su obra literaria a entender los autoritarismos latinoamericanos, se muestra muy pesimista con respecto al caso venezolano 

MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ 

Cuando el padre de Mario Vargas Llosa descubrió que su hijo escribía poemas ése era entonces el género predilecto del autor de La casa verde (1966)  lo mandó al Colegio Militar Leoncio Prado, donde permaneció interno dos años. 

“El encierro y la disciplina militar fueron para mí insoportables, así como la atmósfera de brutalidad y matonería. Pero creo que en esos dos años aprendí a conocer a la verdadera sociedad peruana, esos contrastes, tensiones, prejuicios, abusos y resentimientos que un muchacho miraflorino no llegaba a sospechar que existían”, escribe en Sables y utopías (2009), una colección de sus artículos políticos desde los años sesenta hasta la década que corre. 

La formación castrense no hizo mella en su vocación literaria más bien le inspiró los personajes que luego construirían La ciudad y los perros (1962) , pero sí configuró la gran obsesión de su carrera: el poder. Para Vargas Llosa, la manera en que los hombres reaccionan o ejercen el poder es la pasta que hace las sociedades y la materia de sus ficciones. 

Luego, el fenómeno editorial que los periodistas internacionales llamaron el boom lo consagró como escritor y su voz en contra de los autoritarismos se levantó por toda la región. 

Su oposición ante los intentos del gobierno aprista de Alan García de nacionalizar la banca peruana le granjearon cierto liderazgo político a finales de la década de los años ochenta y en 1990 presentó su candidatura a la Presidencia de Perú y perdió contra Alberto Fujimori. 

¿Qué aprendió de su campaña por la Presidencia de Perú?

Participé en la política profesional por una circunstancia muy especial: había un gobierno populista que quiso nacionalizar el sistema financiero y eso hubiera desembocado en una dictadura. No fue una experiencia grata, pero sí instructiva. Vivir una campaña electoral es conocer el otro lado de la política, el más pedestre, el más duro y el de la intriga. Sin embargo, aprendí mucho: fue la política real la que me hizo entender las realidades del sistema del poder en sus manifestaciones más bonita y más fea. 

¿Cree que los latinoamericanos, vista la larga tradición de caudillos en la región, prefieren los gobiernos autocráticos?

No lo creo. Cuando los pueblos latinoamericanos han tenido la opción de elegir, rara vez escogen dictadores, eligen gente que defiende el sistema democrático y el Estado de Derecho. Cuando están desencantados de la democracia, se dejan seducir por los caudillos, pero generalmente esa ilusión dura muy poco, porque se dan cuenta de que el remedio es peor que la enfermedad. 

¿Cree que eso ocurre en Venezuela ahora?

El Gobierno venezolano hace lo que las dictaduras han hecho siempre: eliminar toda forma de oposición. Hugo Chávez quisiera, y seguramente logrará, que haya una sola voz: la suya. Ésta es la manera en que los dictadores se crean a sí mismos la ilusión de que todo anda bien, porque se lo dicen los periódicos serviles y las televisoras domesticadas; no hay protestas y la realidad termina por plegarse completamente a sus deseos. Esa es una característica de todas las dictaduras y Venezuela no es la excepción. 

¿Hay algo que usted considere distinto en el proceso chavista?

Las dictaduras latinoamericanas tradicionales no eran ideológicas, eran apenas de pandillas militares; la de Chávez es como la de Fidel Castro: pretende justificarse en nombre de una justicia social que vendría en el futuro, pero que nunca llega. El presente, entonces, sólo significa la existencia de una crisis económica terrible y la caída brutal de los niveles de vida, pero el futuro se usa como utopía, se le ve como el del paraíso socialista, que permite padecer este presente terrible con la esperanza de que todo cambiará alguna vez. Ese es el caso venezolano. 

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